Del diario vivir. Cuatro Cuentesillos

Del diario vivir. Cuatro Cuentesillos

El tráfico pesado, me cambio de carril con el suficiente espacio y precaución, y el conductor de atrás me pita y me meta la madre, me amarro como debe de ser, dispuesto a bajare a liarme a golpes, y arreglar las cosas como los hombres, no se puede andar por la vida mentando madres sin sufrir las consecuencias, no se puede permitir que cualquier hijo de vecino me falte el respeto y el honor. El conductor de atrás intenta cambiarse de carril y huir, es un cobarde. Me recuerda la historia de un viejo amigo que me contó, hace muchos años cuando éramos adolescentes, que en una ocasión estando en un alto, el cuate de adelante se tardo en avanzar en la luz verde, y el, joven y novato, le pitó mentándole la madre, el conductor del otro vehículo se baja del auto va asta su ventanilla, y lo cachetea diciéndole “¡escuincle indolente, insolente mocoso, no se puede andar por la vida mentándole la madre a todos!” . Así que volviendo a mi historia de esta mañana, vuelvo a cerrar la puerta y arranco, tomando la desviación que debo, el auto que me agredió se ha quedado atrás temeroso, mas sin embargo al ver que tomo yo una desviación y que sería imposible que le siguiera, veo que levanta su mano extendiendo un saludo a un dedo, era una señora. Me pasan miles de cosas por la cabeza. Lo primero me recuerda a una mujer que conocía solía pelearse con cuanto individuo tuviera oportunidad, entonces humanizo a la mujer y pienso, pobre de ella, ha de tener una vida angustiosa, estresante y ha de ser sumamente infeliz, tanto que se desborda hasta con los extraños en la calle en su intento desesperado por ser tomada en cuenta, respetada, valorada, su necesidad de atención, su falta de cariño le hacen vivir una vida de odio y rencor como única salida para un muy pobre manejo de sentimientos. Mas sin embargo recuerdo otra historia…

Vivimos en una sociedad Matriarcal

Estaba en Zacatecas en el único bulevar que existe, afuera de la paquetería, DHL o Estafota o alguna de esas. En esa zona no se permite estacionarse en la calle, mas sin embargo había un auto estorbando con las luces intermitentes, adentro una fila de varias personas. Fuera de la fila una gorda señora tratando de encintar un paquete, en algún punto la señora termina y se mete hasta adelante en la fila. Yo me sentí indignado, Señora haga fila como todos –pensé- pero había muchos lugares delante de mi, supuse que se defenderían los que fueron abusados y desplazados antes que yo. Cual fue mi sorpresa cuando, por el contrario, dos individuos, que traían también sus propios paquetes, se ofrecieron a ayudar a la señora a cargar su paquete, acomodarlo en el mostrador, cual si fuera su madre, por supuesto no era ninguna discapacitada, aspecto clase media baja, algo pasada de peso, tal vez rondando los 50. Entonces entendí que el que estaba mal era yo.

Yo soy de la idea, como en los países de primer mundo, en que todos los individuos, hombres o mujeres, tenemos los mismos derechos, que hay que hacer fila y respetar a los demás, que los reglamentos son para cumplirse, que el orden en las civilización es grado de su evolución, que los nepotismos, los favoritismos, los tratos VIP y los favores segmentados no funcionan en una sociedad que pide respeto e integración de todos sus individuos. Pero estamos en México, y México, es una sociedad Matriarcal. Toda mujer madura recuerda a la madrecita, y por ende todo el favor de sus vástagos, estas doñas tienen el derecho –por haber malcriado a sus hijos-  de ser ayudadas privilegiadas y complacidas por todo aquel que “si tenga madre”. Es una obligación, una regla no escrita, una cultura social que así sea. Así fuimos educados.

Y una historia mas…

 Cuando las niñas son jóvenes, y medianamente bonitas, sus mamás les enseñan que sonriendo, pueden meterse en las filas, conseguir quien les cambie la llanta ponchada, y prácticamente conseguir todo lo que necesiten –hay algunas que se han vuelto maestras en esto – . He visto a las niñas mexicanas, aplicándola en la fila del check-in en aeropuerto de  Heathrow, después de ver el respeto de los londinenses, el orden, me avergoncé de ser mexicano y ver lo que ellas hacían y todavía se mofaban de los Ingleses, – míralos que brutos- su espíritu chilango que degrada la imagen de los mexicanos en el mundo…

Como hombres permitimos, dentro de nuestra sociedad machista, este extraño equilibrio, favoreciendo a las mujeres por ser mujeres, tal vez para pagar todas esas culpas de todos esos abusos que históricamente hemos sido parte, el equilibrio entre el abuso físico, maltrato psicológico, y degradación a nivel de objeto de la mujer por tantos siglos en la sociedad machista, se equilibró con una sociedad profundamente matriarcal, la clásica imagen de la abuela en las películas de Pedro Infante, la que manda es la abuela. Lo ganó, y será sucedida en el trono la mujer que soporte estoicamente. Empiezan obteniendo favores por ser medianamente bonitas, y una vez que pierden su juventud, siguen ejerciendo el mismo nivel de manipulación y nadie les dice nada porque les “recuerda a su madrecita santa” .

Romper los paradigmas

Yo no comulgo ni con el machismo no con las sociedad matriarcal, soy un desadaptado, pero prefiero decir que tengo educación europea (moreno hijo de indios obvio), al menos pues, valores y preferencia por una “sociedad diferente”.

 

 

 

 

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