AUN NO SE POR QUIEN VOY A VOTAR

Cada día me queda mas claro que la decisión del voto esta en muy pocas manos,  solo una pequeña porción de la clase media, universitarios y otras minorías, el grupo fuerte, l os acarreados y votos comprados.  Habiendo tantos buenos estadistas en los partidos políticos no entiendo como no pueden hacer un plan, como un plan de negocios, o un plan de guerra, donde el único objetivo es garantizar un cierto número de votos.

Quien gobierna el país esta en unas pocas manos, y no me refiero a los círculos de poder de Salinas, la cumbre de poder del PAN (que por cierto esta mas dispersa que nunca), me refiero al 10 %  de la población que vota. El diez por ciento solamente. Una ciudad como Monterrey, trescientos mil votos decidirían el futuro de las elecciones.  Dos millones en el distrito federal, y así recíprocamente en cada comunidad. El único que tiene un monstro de control es el PRI, mediante los sindicatos básicamente, y con las empresas de gobierno en manos priistas que todavía coaccionan a los empleados y les quitan las credenciales con amenazas, pero es un modelo que funciona. El PRI lo sabe, cuantos acarreados debe de llevar, cuantos votos aportan los sindicatos, cuantos mas tienen que influenciar en la televisión con la Gaviota.

El pequeño grupo de personas pensantes de este país, estamos esperando una propuesta política, no el teatro y derroche de poder y dinero de EPN, incluso puedo creer que el Peje ha sentado cabeza, y que su propuesta será mas centrada, que no se echará la soga al cuello con su boca de alcantarilla, tenemos fe que esa mujer una criterios, unifique corazones, que exhorte a las mujeres a votar, ellas pondrían ganar la elección.

Los partidos políticos que intentan pobremente tener propuesta política están completamente perdidos, no somos una sociedad pensante, las elecciones no se ganan tirando rollo, tirando mierda unos a otros, se trata de hacer coaliciones, asegurar votos, crear cámaras, asociaciones civiles, no soy politólogo pero lo entiendo bien como funciona este negocio.

A final me cuento entre esos diez millones de votos, de Mexicanos que pueden decidir el futuro de este país, que levantamos la mirada y de verdad no sabemos que hacer con el voto, anularlo? Es un voto muy valioso como para anularlo. Creo que serán las elecciones mas peleadas de la historia de México, espero que sean transparentes.

Esta claro que las encuestas son una mentira, que Peña ya las ha comprado todas, esta  caro que el Peje esta tomando fuerza, que está haciendo las cosas bien, que esta trabajando, sabe que puede ganar. De Josefina, de verdad es difícil que tenga posibilidades en un México tan machista, hoy por hoy, me parece que es la mejor opción, ojalá no se desinfle.

Va a ser muy interesante ver que es lo que pasa.

One thought on “AUN NO SE POR QUIEN VOY A VOTAR

  1. Tan ignorante es el que se come la basura propagandista de que Obrador es el anticristo, como el que se cree que el teatro que hicieron los medios de la vida de fox y que por eso es un ignorante. Fox a sido por mucho el mejro presidente que ha tenido Mexico, estadisticamente (pib, inflacion, inversion extreangera, devaluacion, incremento de precios de combustibles y alimentos, reduccion de la deuda publica, etc.)
    cito el siguiente articulo quer alaba a el peje, y descalifica a Fox, ahi es donde las notas y los editorialistas pierden credibilidad:
    ¿Por qué Andrés Manuel López Obrador?/OPINIÓN

    Por Raul Dorantes, January 19, 2012 at 12:58 pm

    No simpatizo con la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a partir de la vía negativa; es decir, porque el candidato del PRI demostró en la pasada Feria Internacional del Libro que apenas recuerda un título. Tampoco simpatizo con López Obrador sólo porque los candidatos del PAN representan una continuidad de dos administraciones caracterizadas por la ineficacia y el empleo de la violencia para resolver problemas coyunturales.

    Considero que López Obrador tiene méritos propios. He leído notas y artículos sobre sus buenos momentos y también he sido testigo de sus tropiezos. Supe de López Obrador desde aquella denuncia que hizo del FOBAPROA a mediados de los 90, seguí los altibajos del proceso electoral de 2006 y por fin lo pude escuchar en vivo durante el mitin organizado en la secundaria Benito Juárez de Chicago el en octubre.

    Ante los altos niveles de violencia y desempleo, ante el enorme retraso educativo y la corrupción creciente, y a sabiendas de que el futuro inmediato de México sólo tiene dos opciones representadas por Peña Nieto y López Obrador, me parece irresponsable llamar al voto nulo.
    Y a estas alturas me interesan poco los juegos en los que se apuesta por el candidato menos malo.

    Soy mexicano, no milito en ningún partido político y tengo 22 años viviendo en Chicago. Como miles de connacionales, he deseado un cambio, o por lo menos una señal, que implique mejoras sociales en el país en el que crecí y en el que vive casi toda mi familia. Por casi dos décadas he procurado mantenerme al tanto de los procesos políticos: el Levantamiento Zapatista, la entrada en vigor del NAFTA, el incremento de la migración masiva y la explosión de la violencia.

    En 2000, Vicente Fox obtuvo de parte mía no mucha simpatía pero sí el beneficio de la duda. Fox ganó por las buenas y fue capaz de acaparar lo que entonces se llamó “el voto útil”. Pero no pasó un año para que viviera el desencanto hacia la primera administración del PAN. Me desconcertó su frivolidad: intentar hacer de los asuntos privados una cuestión pública, como si ser presidente de un país fuese lo mismo que ser un personaje de la farándula. No fue necesario rascar mucho para ver que detrás de la frivolidad se hallaba un presidente ignorante y vacío.

    Cuatro años después pude seguir la campaña sucia que encabezó la Administración Fox contra el candidato puntero: El desafuero, los anuncios publicitarios en los que se le equiparaba con Hugo Chávez o aquel remate en el que se le acusaba de ser un peligro para México.
    En los días posteriores al 6 del julio de 2006, tuve la esperanza de que el tribunal electoral optara por un recuento del 100 por ciento de los votos. De esa manera la ciudadanía mexicana hubiese vivido una verdadera fiesta democrática. Los que recibieron la constancia de ganadores habrían aprendido a ganar convenciendo a sus adversarios de que la contienda había sido justa. La otra mitad habría aprendido a perder. Pero en vez de optar por una decisión política (y sobre todo psicológica), el tribunal prefirió tomar una decisión legalista en la que todos salimos perdiendo. Al final, todo ese proceso se resume en una frase de Calderón en el que reconocía haber ganado “haiga sido como haiga sido”.

    Hoy sobran los periodistas y académicos que aseguran que la guerra contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón tuvo como fin la legitimación que no había logrado durante el proceso electoral. Es importante resaltar que el anuncio de esa escalada militar se hizo 10 días después de haber tomado posesión.
    Hoy los resultados están a la vista: 50,000 muertos, muchísimos de ellos decapitados; decenas de miles de desaparecidos, incluidos los inmigrantes centroamericanos que cruzan nuestro país; decenas de miles de huérfanos y desplazados.
    Es extraño que en vez de emprender una cruzada humanista (educativa y cultural), Felipe Calderón hubiese optado por las armas y que, a pesar de los malos resultados, insista todavía que tomó la decisión correcta. Sin duda, uno de los grandes beneficiados de este sexenio han sido las grandes compañías de armas de Estados Unidos y ciertas instituciones bancarias.

    En medio de este país que se desangra, López Obrador ha estado recorriendo los más más de 2,000 municipios. Algunos de ellos por dos o tres ocasiones. Con esos recorridos ha demostrado a mi parecer que es un político que no ha cejado en su intento de querer conocer su patria. Seguramente, se ha empapado de las problemáticas de cada región e incluso de los conflictos que se viven en cientos de hogares. ¿Cuántas esposas no le habrán hablado del marido que tuvo que emigrar al norte? ¿Cuántas madres le habrán contado de la pérdida del hijo debido a la narcoviolencia que sacude México? ¿Cuántos campesinos habrán denunciado ante él la competencia desleal que enfrentan contra las corporaciones agropecuarias subsidiadas por el gobierno de los Estados Unidos?
    Veo en los diarios las imágenes de pueblos blindados por policías y militares cuando se presenta el presidente Felipe Calderón o el candidato Enrique Peña Nieto. En contraste, las imágenes de López Obrador muestran a un hombre que busca acercarse a la gente que quiere gobernar.

    Estoy consciente de que López Obrador no es la panacea de todas las problemáticas que vive México. Hay traumas y actitudes deleznables que todos los mexicanos acarreamos desde la época de la Colonia o acaso desde más antes. Ha habido momentos en la historia en los que se ha avanzado porque hemos sido capaces de mirar dichos traumas y dichas actitudes. El último gran momento fue la Revolución Mexicana.
    Simpatizo con López Obrador porque creo que con su elección se daría un gran paso para que los mexicanos miremos de nuevo, y acaso trascendamos, esos traumas y esas actitudes.
    *Raúl Dorantes es Profesor de Literatura de Northeastern Illinois University.

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